Mi experiencia con el supervisor de la noche

ADMINISTRACIÓNEXPERIENCIAS

Federico Aguirre

2/18/20261 min read

En 2020 laburaba como supervisor de calidad en una industria de alimentos.

Había un supervisor de producción de turno noche que me volvía loco.

Todos los días llegaba a planta y era lo mismo:
Faltaban registros, registros dibujados, registros ilegibles, muestras mal tomadas… un desastre.

Una mañana fui directo y le dije:
“Mirá, o empezás a hacer las cosas bien o vamos a agarrar para el lado de los tomates”

(Obviamente fueron palabras más fuertes y en otro tono, pero la idea era esa)

Recuerdo que me dijo algo tipo “¿vos querés que nos llevemos mal? Dale, así nos vamos a llevar”
Y yo le solté algo hiriente como: “Tu trabajo operativo yo lo aprendo en 30 minutos, vos para ocupar mi puesto tenés que estudiar más de 8 años”

Resultado: cero. No cambió nada.

Hasta que un día me senté a tomar unos mates y le pregunté bien: “Che, ¿qué onda? ¿Qué pasa en tu turno?”

Ahí me contó:
• El freezer para las muestras no andaba hace semanas
• Le faltaban 1 o 2 operarios todas las noches
• Nadie le había explicado para qué servían esos registros

Cuando lo escuché genuino, y vi que ya no me veía como amenaza, me cayó la ficha.

El problema no era él.
Era que nadie le daba bola con lo que necesitaba.

Desde ese día arranqué diferente:
Antes de señalar errores → pregunto qué necesitan
Antes de exigir cumplimiento → me fijo que tengan recursos
Antes de exponerlo → intento resolverlo con la persona

¿Qué pasó?
El mismo tipo terminó siendo mi mejor aliado en planta.

A veces no es la gente el problema.
Es que no preguntamos lo suficiente.